miércoles, 29 de agosto de 2007

Muchas veces.

Muchas veces sólo hace falta que te prohiban o impongan las cosas para que las odies (para afuera, por adentro te siguen causando la misma impresión que antes de la imposición). Y que te den libertad sobre las mismas, para que consideres que son lo mejor del mundo y abuses de ellas (o no, dependiendo de la personalidad y demáses).

Muchas veces pienso más rápido de lo que escribo y me como las palabras, muy pocas veces las letras y menos aún las tildes.

Muchas veces las palabras se terminan y no hay nada más para decir porque el capo que inventó el lenguaje este que hablamos ahora no tuvo la imaginación suficiente (como Shakespeare) para poder crear aún más palabras que definan esas cosas que hasta hoy no se pueden definir con los conjuntitos de letras que aprendimos.

Muchas veces hay sentimientos que abarcan todo mi ser y no me dejan pensar en nada más que en eso, me hacen centrarme, encasillarme y cerrarme en una sola cosa. Como extrañar. O planear. O querer, amar, o creerlo. O pretender. O mentirse. O darme cuenta del tiempo (particularmente). Y pocas veces encuentro perspectivas como para lograr alejarme y ver todo con más claridad, intentar encontrar salidas más creativas.

También fueron pocas las veces que logre cumplirme a mí misma pruebas que me planteé como desafíos. Por la poca confianza que tengo en mí misma algunas veces, y la poca firmeza en los ideales momentáneos que me llevaron a apostarme esas cosas en otras ocasiones (sí, un tanto solitario y desolador, pero es lo que hay).
La última apuesta fue vivir sin reloj. Y me lo saqué. Al principio lo llevaba en el bolsillo, como para consultarlo cuando no podía combatir más la ansiedad (por más infantil que parezca). Un día me concentré en otras cosas (de esos "muchas veces", en extrañar) y cuando fui a buscarlo el día siguiente no lo encontré más.
Quizás lo dejé en algún bolsillo en el que todavía no busqué, pero seguramente se me cayó en algún lugar y por andar colgada en cualquiera ni me di cuenta y lo perdí y ahora es de alguno que lo encontró.
Pero me gusta creer que llegué a entender que mi vida no depende tanto de los tiempos, y que mi adicción a mirar la hora me estaba volviendo demasiado dependiente y por eso se me perdió el reloj. Que se yo, me gusta creer muchas cosas. Pero muchas veces hace que se complique todo de onda (me di cuenta que complicar es un verbo fundamental en mi vida). Probablemente aprendí a contar el tiempo con sentimientos, sensaciones, pensamientos, ideas, complicaciones, dificultades y demáses, y por fin logré abandonar el tiempo de las agujas o el tiempo digital con mil límites y cosas que no me detengo más en intentar entender (como la relatividad, aunque sigue siendo una incógnita y tengo que decirle a algún físico que me explique porque no pienso morir sin saber eso).
Y no voy a desarrollar más.

lunes, 20 de agosto de 2007

Amar y querer no me parecen sinónimos en lo más mínimo, aunque parten de una misma base: las cosas que le pasan al otro, provocan que ocupes una parte de tu vida, tu tiempo y tu atención en esa persona.
Considero amar como dar la vida por la persona, que te importe más de ella/él que de vos, y por lo tanto no creo que exista amar mucho ni nada de esos cuantitativos que se agregan a la palabra como para intentar sumarle importancia, porque ya es más que suficiente con dar la vida de uno por esa persona, no se necesita nada más, porque ¿qué más se puede dar que la vida, que envuelve presente, pasado y futuro, con promesas, historias y memorias?. Eso envuelve, obviamente, priorizar el bienestar del otro por sobre el propio.
En cambio, querer es que te importe de esa persona, ni más ni menos. Este sentimiento para ser magnificado, en mi manera de pensar, puede admitir mucho, demasiado, blabla, para magnificarlo y hacerlo más gordo e importante. Y no deja de ser relevantísimo por esas cualidades.
Me revienta que un día digan te amo y al siguiente te odio, como si fuesen sinónimos o cosas un poco parecidas, o que lo digan verdaderamente sin sentirlo, de onda, como para no decir siempre "te quiero".

De todos modos, considero que se puede dejar de amar y pasar a querer (pero eso requiere que algo muy tremendo pase y rompa algunos bastantes esquemas). Y siempre existe la posibilidad latente de pasar de querer a amar. Pero todo requiere tiempo, complicaciones y demáses.

N. del A.: que te importe de alguien: que te importen las cosas que le pasan a esa persona.

domingo, 5 de agosto de 2007

Creencia

No me gusta creer en la existencia de un ser superior aunque no lo puedo evitar cuando intento encontrar respuestas a incógnitas que ni la ciencia ni mi razón pueden contestar aún.
No me gusta porque me parece una salida fácil, una manera de dejar de pensar ligerito sin hacer muchos problemas ni planteos de las cosas, siendo eso en lo que se cree la respuesta de todo, desde acciones propias hasta catástrofes naturales o causadas por nosotros mismos. Aunque en algún lugar adentro mio esa posibilidad está latente, porque quizás con resultados que nos parezcan fatales por diversas índoles, nos intenta demostrar distintas falencias en algunos aspectos de la humanidad.
De todos modos, no puedo tolerar el hecho de que desde el momento en el cual empezás a creer en algo, eso se convierta en razón por la cual actuás como actuás y hacés todo como lo hacés porque asi lo indica eso que supuestamente te creó y te domina.
Por eso prefiero creer que somos polvo de estrellas y que si bien nuestro destino está pautado, el universo conspira para ponernos diversas cosas buenas y obstáculos adelante, para irnos probando para fijarnos en sus parámetros, ayudándonos para que lleguemos a formar nuestro camino ese que caminamos nosotros a medida que tomamos nuestras decisiones (pensadas, apuradas, "obligadas", caprichosas, costumbristas, conformistas, como sean).

Si lo quiere mi suerte, será cierto.