domingo, 22 de julio de 2012

Ermitaña.

El materialismo que nos rodea en esta sociedad capitalista y consumista, llena de matices culturales que buscan converger y diverger a la vez, me hace pensar en la fragilidad moral de los seres contemporáneos. Pienso que el culpable es el modelo comprado mundialmente, "American dream". Por el fomento de la ambición desmesurada, del individualismo, del fin que subyuga al medio, de 1984. Por la idea de la educación como instrumento para moldear cerebros y para generar recetas genéricas. No creo que sea el camino. Pero tampoco creo que el mundo actual esté abierto a aceptar que no lo es. En líneas muy generales, creo que ponerse de pie llevaría pura y exclusivamente a crecientes estímulos por aislar la mente y el alma. Y que esos impulsos serían acentuados por la propia sociedad, que tiende a excluir al diferente. No sólo por especial, sino simplemente por distinto.

Resulta asombroso como la confianza en las corazas como medio de protección del alma y la mente calma al corazón. Pensar que impidiendo que sean perturbadas podría trasladar su estado actual, estacionario y cíclico a la vez, a un nivel superior, es un oasis en el desierto. La esperanza es causa de decepciones y satisfacciones, y dado que esperar es inherente al ser, también lo son sentirse decepcionado y estar satisfecho. Al menos mientras no se pueda controlar lo que se espera.

Viajar. Oír y mirar, para luego escuchar y ver. Sin prejuicios, ni supuestos, intentando dejar de lado las percepciones y las inferencias inconscientes. Buscar eso. Lo que falta. Curiosidad, voluntad para crecer y esfuerzo para dejar la piel en cada pelota. Y siempre responsabilidad para enfrentar las decisiones. Sino, todo carece de sentido.


"Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad". Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes.

Positively 4th Street.