Le dieron a cada uno un cristal, sin instrucciones y en secreto. Algunos lo escondieron con recelo, otros lo atesoraron, y muchos corrieron para contarle al mundo acerca del regalo recibido. ¿Sirve para prender fuego? No, seguro es para cortar... ¿o en realidad es un diamante, que podría vender?
Sólo algunos notaron la hendidura que convertía el liso cristal en ventana, y aunque les contaron a los demás, no todos creyeron. Unos pocos se animaron a abrir. Cuando lo hicieron, se iluminaron, y entonces otros quisieron ver también. Pero cada uno era el único que podía encontrar la muesca de su cristal: dos o tres se atrevieron a invertir su tiempo (preciado y efímero) en rastrear cada recoveco del mínimo cristal hasta encontrarla.
Y cómo disfrutaron al ver esa hendidura... casi tanto como cuando la abrieron.
Entonces, supieron. Por la ventana se veía una fracción de la realidad. Si lograban amalgamar lo que cada uno percibía, podrían admirar la totalidad. Hubo quienes observaron que era caleidoscópica. Con la calma, el cambio; con la tormenta, el cambio; con la brisa, el cambio; con el amanecer, el cambio: así, nunca podrían conocerla en forma absoluta. Pero al menos conocerían una parte. Desde entonces, buscan que todos abran y compartan lo que esconden su cristales.
"La verdad es multidimensional y, en asuntos de este tipo, las diferencias de aproximación a la verdad pueden justificarse sobre la base del gusto o la agudeza de percepción".
Charles P. Kindleberger.
lunes, 19 de noviembre de 2012
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