En los momentos únicos no hay palabras, sólo silencio.
Machu Picchu fue un claro ejemplo. El Chaltén ni hablar.
En situaciones, los ojos y los abrazos me pueden dejar sin palabras, y sin aviso. Ni hablar si están hablando de cariño o de dolor. Últimamente fue todo un desafío seguir hablando en esos momentos. Antes me quedaba, frenaba. Con el tiempo, decidí avanzar (en una especie de "no matter what", sincericidio, riesgo. Muy difícil, sobre todo porque involucra aceptar matices y porque el silencio tiene magia que con palabras no se puede ni aproximar.

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