lunes, 26 de noviembre de 2007

Paredes y más paredes.

Nada es capaz de borrar el intachable recuerdo que mantiene intacta las paredes. Colar las cenizas de mis memorias lo logra rebajar el peso de lo que recuerdo, de esas palabras que me hacen inflar los cachetes, morderme el labio y apretar la mandíbula para que mis lágrimas se encarguen solamente de llenar los ojos y no puedan escapar de ahi (si lo hacen, ahogarme es la primera consecuencia, soy incontenible en esos momentos).
La necesidad de cerrar eso y hacer con él un barquito de papel para después dejarlo ir por el agua (y que se aleje de una vez de mis días...) es cada vez más fuerte (denota que complicar es un verbo de moda por acá). Disfrutar del tiempo que corre, dejar la existencialidad y el pasado, detenerme en la locura de la simpleza de las cosas (la forma de las nubes, sin ir más lejos) y llenarme de la pureza de estos días de libertad: eso es lo que quiero.

¿Cómo se curan las heridas?


Así, escribiendo, voy encontrando respuestas y salidas hipotéticas que me ayudan a tomar decisiones importantes.

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