Nunca pensé que despedirme sería tan doloroso. Creí que como ya me había planteado el dolor a sentir, estaba minimizado a su expresión más ínfima. Consideré con firmeza la posibilidad de que todo ya había sucedido, y que lo que faltaba era simplemente la reafirmación.
Pero, una vez más, mi plan fue insuficiente. Las restricciones que planteé no alcanzaron para contener lo que las variables adjudicaron al modelo. Y me sobrepasó. Me sobrepasa. Pensar que no te veo de nuevo, que se acabó el "Florcita", que ya no hay más "pelotuda. ¿cuándo volvés?" ni historias sobre zainos, San Julián y familias desconocidas... Me parte el alma (ni hablar de mi corazón). Y se me da por tus amigos... bien Walker.
Gracias por enseñarme a cuidar mi jardín. A entender que siempre hay lugar para reflexionar y volver, y conseguir perdones sinceros y valientes. Que la plata no hace a la felicidad. Que los perros son los mejores amigos que se pueden tener. A comprender que la vida da múltiples oportunidades para crecer. Y que más vale morir de pie que vivir de rodillas (¿cola de león o cabeza de ratón?).
Te voy a extrañar para siempre. Y para siempre vas a vivir en mí. Soy un calco, tu fiel expresión en gran cantidad de sentidos. Me enorgullece más allá de tus errores y aciertos. Sé que tengo mi camino.
Te amo abuelo.
Siempre tuya.
Florcita.
jueves, 29 de noviembre de 2012
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1 comentario:
El cielo de los abuelitos, ahí quiero ir yo. Coincido, un dolor puede ser dulce? A mí también dejenme de joder.
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