Hace un año. Domingo. Las cosas en las que creía, confiaba y recaía sin dudar, y creía que era algo compartido. Mis principios, mis ideales, muchos de mis planes, ilusiones y expectativas. Porciones de cosas que parecían ser demasiado perfectas (y quizás por estar tan cerca de ese imposible, dejaron de ser). Por las cuales daba la vida. Yo como persona, como esencia, como existencia. Todo lo que me define como yo y no como cualquier otra persona.
Todo eso, sin lugar a dudas era demasiado. Para implotar, desaparecer, hundirse, dejar de ser, estar y existir. Para desvanecerse, para dejarme, abandonarme. Modificarme terriblemente en relación a todo y a todos, desde pensamientos hasta sensaciones. Todo rápido, todo de una sola vez. Sin lugar a dudas demandaba demasiado.
Marcó una etapa en mi vida. Me obligó a crecer, a madurar. A dejar de depender. A revisarme para ver bien qué era lo que estaba haciendo mal. A analizarme en relación con mi ética, lógica y razón; a lo que pienso, siento y creo. Sobre mí y sobre los demás, lo que existe, lo que puede llegar a existir, lo que tendría que existir según mi punto de vista y el de los demás, lo que existió en algún momento y dejó de ser (y sus razones particulares diseñadas exclusivamente para el caso).
Empezó una serie de conflictos internos, desapareceres, necesidades de teletransportación, de dejar de existir, de irme de acá. Y todas sus derivaciones, tales como la maquinación, la necesidad de límites al dolor, y muchísimas cosas más que no me hace falta escribir.
Causas insignificantes, razones demasiado poco importantes en relación a la infinita valoración, a la extrema importancia, a la verdad de todo.
Muchísimas cosas sin entender. Siderales confusiones. Maquinaciones constantes y repetidas, siempre cíclicas. Hundimientos. Demasiado profundos. Como nunca antes. Modificaciones en formas de ver las cosas, de analizarlas y de actuar ante su aparición o suceso. Imposible me sería enumerar todo.
Hoy. Lunes. Primer aniversario del inicio de una de las peores etapas de toda mi existencia. Espero nunca se repita, nunca.
"Mirá Flor, las cosas que no se tienen que dar, no se dan; y las que no se tienen que seguir dando, se dejan de dar. Y es así, siempre. Asi que bancátela, dejá de maquinar, no da para más. No importa si te gusta o no, es así. Y punto. Cortala. Ahora mismo. Ropa sucia fuera." Gracias a vos, que seguro ni te acordás que me dijiste eso. Aunque seguramente no usaste las mismísimas palabras, fue algo así.
Aprendé a callar, la primer lección.
Apretá los dientes, masticátelo.
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1 comentario:
Sabes que mi nombre, Maríca, va con tilde? es el único marica que va con tilde.
te quiero maría florencia. matias.
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